En el vasto panteón de los cómics, pocos personajes han sido tan malinterpretados y, al mismo tiempo, tan revolucionarios como Diana Prince. Durante décadas se la ha vendido como “la heroína feminista definitiva” o “el icono bisexual de DC”, pero esas etiquetas, aunque ciertas, se quedan cortas. Diana no es solo una feminista de primera, segunda o tercera ola; no es solo queer; no es solo una amazona fuerte.
Diana, en su propio universo, es una **mujer indígena desplazada, una refugiada política, una migrante sin papeles y una sobreviviente de genocidio cultural**.
Y cuando aterriza en el “mundo del hombre” lo hace como una extranjera racializada, exótica y sospechosa para muchos.
Esto no es una lectura forzada de 2025.
Esto es lo que los cómics llevan diciendo desde 1941… si te atreves a escuchar.
1. Indígena y Víctima de Genocidio Cultural
Themyscira no es una utopía que siempre estuvo ahí. Es un **campo de refugiadas**.
Las amazonas fueron masacradas por Heracles y sus hombres en una guerra patriarcal. Las que sobrevivieron fueron encadenadas, violadas y humilladas. Las diosas las liberaron y las escondieron en una isla que el mundo del hombre borró del mapa.
Diana nace de esa diáspora.
Es la hija de un pueblo exterminado, renacida en arcilla por una reina que aún lleva las cicatrices de la esclavitud.
Cuando sale de la isla, no es una “princesa blanca” llegando a América; es una indígena griega que cruza el mar volviendo de un genocidio que el mundo nunca reconoció.
2. Migrante sin Ciudadanía
Llega al “mundo del hombre” sin pasaporte, sin idioma perfecto, sin derechos.
Trabaja de enfermera, de secretaria, de espía… porque es la única forma de sobrevivir en un país que la mira como amenaza o como trofeo exótico.
Steve Trevor la presenta como “la princesa Diana de Themyscira”.
Pero para los militares y la prensa es “la mujer misteriosa”, “la extranjera”, “la amazona”.
Nunca le dan ciudadanía automática. Nunca le preguntan si extraña su hogar destruido.
En la Edad de Oro, cuando todavía lleva falda y sandalias, la dibujan con rasgos mediterráneos marcados, piel morena y ojos oscuros.
En los 50 la blanquearon.
En los 80 volvieron a oscurecerla.
En la película de 2017 Gal Gadot —una mujer judía-israelí, hija de otra diáspora— la interpreta con una piel que no es la de una actriz nórdica.
Porque Diana nunca fue “la chica blanca que salva América”.
Siempre fue **la otra**.
3. Feminista de Todas las Olas… Porque Tuvo que Serlo
- **Primera ola**: Lucha por el voto y la educación de las mujeres (Marston la crea en 1941 como propaganda feminista explícita).
- **Segunda ola**: Rechaza el matrimonio tradicional, vive en un mundo sin hombres, enseña sororidad real.
- **Tercera ola**: Reivindica el placer, la sexualidad fluida y el derecho a ser fuerte sin dejar de ser femenina.
- **Cuarta ola**: En los cómics de Rucka (2016) y reboots recientes, se confirma bisexual, abraza la diversidad corporal y racial de las amazonas (Nubia, Yara Flor), y cuestiona el patriarcado hasta en su propia origen (Zeus como padre = imposición masculina).
4. Bisexual y Queer… Desde el Día Uno
Marston, su creador, era abiertamente poliamoroso y escribió a las amazonas como una sociedad donde el amor entre mujeres era la norma.
- Paradise Island: cero hombres, rituales de “amor y sumisión” entre mujeres.
- Etta Candy y las Holliday Girls: relaciones lésbicas codificadas.
- Diana misma: declara amor a mujeres en varios arcos (Rucka lo hace explícito en 2016: “Obviamente amó mujeres”).
DC intentó “straightwash” durante décadas, pero el material fuente nunca mintió.
5. El Precio de Ser “la Otra”
En el mundo del hombre la miran raro:
- Por su acento.
- Por su ropa “exótica”.
- Por no entender las normas de género patriarcal.
- Por ser demasiado fuerte, demasiado bella, demasiado… diferente.
Y aun así decide salvarlos.
Una y otra vez.
Conclusión: Diana no es un icono feminista blanco.
Es una indígena desplazada, una migrante sin papeles, una refugiada queer que carga el trauma de su pueblo exterminado…
y que, a pesar de todo, elige amar y proteger al mundo que la borró del mapa.
Eso no es un eslogan de portada.
Eso es una herida abierta que DC lleva 84 años intentando cerrar con sonrisas y estrellas.
Y mientras sigamos leyendo a Diana como “la princesa blanca perfecta”,
seguiremos siendo parte del problema que ella vino a solucionar.
¿Y tú?
¿La ves todavía como la diosa intocable…
o ya la reconoces como la superviviente que siempre fue?


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