Steve Trevor: el ancla que no se suelta
El cómic ha evitado, de forma casi deliberada, sacar a la diosa de su vínculo con el militar Steve Trevor. Desde All-Star Comics #8, él representa el contraste humano, mortal y vulnerable frente a la amazona inmortal. Aunque ha muerto, resucitado, envejecido o sido reiniciado en múltiples ocasiones, los escritores vuelven una y otra vez a él como el gran amor de su vida. Incluso cuando se exploran otras posibilidades, Steve permanece como la referencia emocional más profunda.
Themyscira: un origen abiertamente queer y polígamo
Para entender la singularidad de esa monogamia hay que mirar el contexto en el que Diana creció. Themyscira es, en las lecturas modernas, una sociedad abiertamente queer. Diana fue criada por Hipólita y Philippus, una pareja de mujeres que funcionan como sus madres. En la isla, las relaciones entre amazonas son la norma y la poligamia (o al menos la no-monogamia afectiva y sexual) forma parte del tejido cultural.
En ese escenario, la decisión de Diana de vincularse de forma exclusiva y duradera con Steve Trevor adquiere un peso especial. No es la continuidad natural de su educación, sino un acto consciente de contención y de devoción amorosa. Elige limitar su capacidad afectiva —amplia, fluida y culturalmente legitimada— para entregarse por completo a un solo hombre mortal. Esa elección, más que una simple “relación heterosexual canónica”, se lee como un gesto de amor radical y deliberado.
Los romances de poder y los “casi”
Durante el New 52, Diana fue emparejada temporalmente con Superman. La relación funcionó como un “power couple” durante un tiempo y tuvo su propia serie, pero terminó siendo borrada por los reinicios posteriores. En tierras alternativas (Kingdom Come, The Dark Knight Strikes Again, Injustice) el romance se exploró con más libertad, pero en la continuidad principal nunca desplazó del todo a Steve.
Batman aparece de forma recurrente como figura de atracción: genera interés en varias de las mujeres que también se sienten atraídas por Diana, y la propia Diana ha mostrado química y tensión con él en múltiples ocasiones. Sin embargo, el cómic suele mantener ese vínculo en el terreno del subtexto y del “casi”, sin convertirlo en el eje central de su vida afectiva.
El terreno sáfico y los subtextos queer
Desde Justice League Dark, la relación de Diana con Zatanna se ha leído con fuerza en clave romántica. Hay confianza profunda, vulnerabilidad compartida y una cercanía que el fandom interpreta como atracción. En el Universo Absolute esa lectura se intensifica: Kelly Thompson ha confirmado que escribe a esta Diana como un personaje queer, y la química con Absolute Zatanna es deliberada y orgánica, aunque por ahora se mantiene en el terreno del “casi”.
La mentoría con Kara genera interpretaciones similares. Diana ha sido una figura formativa para Supergirl en varias etapas, y esa cercanía intensa se lee con frecuencia como algo más que una simple relación de maestra-alumna. En Dark Knights of Steel la lectura se vuelve explícita.
Las villanas que la aman
Cheetah (Barbara Ann Minerva) representa el caso más trágico y canónico. Greg Rucka lo formuló con claridad: está “madly in love” con Diana, aunque la envidia y el resentimiento le impiden reconocerlo. En la run de Tom King ambas admiten que se han odiado y amado a la vez. Es un amor/odio de una profundidad emocional rara en el género.
Harley Quinn ha idealizado a Diana en varias ocasiones, tratándola como la heroína perfecta e inalcanzable. Silver Swan, especialmente en la versión de Vanessa Kapatelis, partió de una idolatría casi infantil que en versiones adultas se puede leer como obsesión o deseo reprimido.
Un patrón que se repite… y una contradicción pendiente
Lo que emerge de este recorrido no es una simple lista de conquistas, sino un patrón: Diana genera atracciones intensas, a menudo asimétricas y frecuentemente irresolubles. El cómic protege el vínculo con Steve como el centro emocional —precisamente porque, viniendo de una cultura queer y polígama, esa monogamia es un acto de elección y entrega—, mientras permite que alrededor giren subtextos, “casi”, idealizaciones y amores trágicos. En el Universo Absolute, donde las reglas son más flexibles y los personajes están más rotos, esas tensiones se vuelven aún más visibles.
Queda, sin embargo, una contradicción llamativa. Si la dinámica de fondo de Diana es queer y su origen cultural es abiertamente no monógamo y sáfico, resulta llamativo que en la gran mayoría de los Elseworlds ella termine amando a un hombre (Superman, Batman, versiones alternativas de Steve, etc.) y casi nunca a una mujer. Hasta el momento, las historias alternativas han explorado con más libertad sus romances heterosexuales de poder que una relación canónica y duradera con otra mujer. Esa ausencia sigue siendo uno de los puntos más cuestionables del tratamiento del personaje.
Wonder Woman no es solo la guerrera o la embajadora de la paz. También es un imán afectivo cuya gravedad emocional sigue atrayendo —y descolocando— a quienes orbitan a su alrededor. Y el cómic, por ahora, parece cómodo manteniendo ese laberinto sin cerrarlo del todo.

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