El Ronroneo de Gotham

Catwoman – Relato Erótico – Solo +18

Acceso Restringido – Solo Mayores de 18

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Complemento derivado del artículo multidisciplinario: 
Catwoman: Puta, Villana, Heroína, Queer y Madre
(ESTE RELATO HA SIDO DISEÑADO PARA QUE CUALQUIERA PUEDA ASUMIRSE COMO EL O LA PROTAGONISTA SEA HOMBRE, MUJER, TRANS, ETC).

Las noches en Gotham sin Batman son un infierno de sombras y oportunidades. Has patrullado durante meses con un traje improvisado de cuero negro, raído por las peleas, y una máscara que oculta tus ojos pero no tu determinación. Tus movimientos, afilados en callejones y azoteas, los has aprendido a fuerza de moretones y victorias pírricas. No eres un héroe legendario; eres alguien del East End que no soporta ver cómo los poderosos pisotean a los débiles.

Has cruzado caminos con Catwoman antes: forcejeos en azoteas oscuras, un látigo que rozó tu piel y una risa ronca que se te clavó en la memoria. Cada encuentro ha sido un baile de tensión. La admiras por robar a los corruptos y redistribuir el botín en refugios, pero la persigues porque su caos a veces lastima a inocentes. Ese deseo reprimido ha crecido —su gracia felina, su aroma a jazmín y cuero que te persigue en sueños—, convirtiendo cada patrulla en una caza personal, en un anhelo disfrazado de justicia.

Esta noche, la pista te lleva a un robo en una galería del East End; el estilo es inconfundible. La atrapas en la azotea del edificio adyacente al tuyo —el mismo donde vives, pagando la renta con turnos esclavizantes solo para estar cerca de esa socialité misteriosa, Selina Kyle, cuya elegancia te obsesiona desde el lobby—. El forcejeo es brutal y familiar: ella más ágil, tú más persistente. Los latigazos silban en el aire hasta que un placaje la derriba contra la grava. Rodáis entre gruñidos y arañazos, terminando contigo encima, inmovilizándola con tu peso, las rodillas sobre sus muslos y tus manos sujetando sus muñecas sobre su cabeza. Sus ojos verdes brillan bajo la máscara gatuna; la luna plateada se refleja en ellos como un desafío.

—¿Otra vez intentas escapar, gata? —jadeas, con la respiración agitada por la adrenalina acumulada.

Ella ríe con ese ronroneo bajo que te ha perseguido en noches pasadas, peligroso y seductor.

—Cariño, nunca escapo... solo no pierdo mi tiempo con principiantes.

En un giro fluido que anticipas pero no evitas —porque una parte de ti no quiere hacerlo—, ella invierte las posiciones. Ahora está encima, con sus caderas presionando las tuyas y el látigo enrollado levemente alrededor de tu cuello como un lazo tentador. No aprieta; acaricia. Su aroma te envuelve: cuero caliente, jazmín nocturno y sudor salado.

Lo que empezó como captura, evoluciona. Ella inicia los besos: se inclina, rozando tus labios bajo las máscaras; muerde suave al principio y luego con ferocidad, reclamando tu boca como si robara tu voluntad. Os ponéis de pie sin romper el contacto y ella te guía instintivamente contra la pared. Lo que antes era forcejeo se transforma en urgencia mutua. Con las manos libres, tiráis de cremalleras y cierres: su traje se abre revelando una piel pálida y pechos firmes; tú respondes despojándote de lo necesario para que el roce sea directo. La fricción piel contra piel y el movimiento de las caderas en sincronía arrancan gemidos roncos que se pierden en el viento.

Tú contraatacas con devoción: la giras contra la pared del conducto de ventilación, dejando su espalda contra el concreto frío. Te arrodillas sobre la grava para darle placer —tu lengua explora su centro húmedo, saboreando su esencia con una reverencia feroz— mientras ella sujeta tu cabello enmascarado, arqueándose con ronroneos quebrados. Sus piernas se enredan en tu nuca, guiándote más profundo, hasta que el clímax la sacude como un latigazo: su cuerpo tiembla y sus gemidos resuenan en la noche de Gotham.

Caéis juntos en la grava, sudorosos y exhaustos. Catwoman se ajusta la máscara; sus ojos verdes lucen vulnerables, pero vuelven a ocultarse tras el disfraz.

—No soy solo una ladrona... soy la que elige a sus presas. Y esta noche, te elegí a ti.

Apoya brevemente su cabeza en tu pecho, mientras sus dedos afilados trazan una marca nueva en tu piel.

—No me pidas más. Nada mal, pequeño/a.

Deja un guante de cuero en tu mano: una promesa silenciosa de que la próxima azotea no será una lucha, sino una invitación. Se escapa entre las sombras, con las identidades intactas y las máscaras en su lugar.

Aftermath: La mañana siguiente

El sol de Gotham filtra un gris opaco por las ventanas del edificio. Sales de tu modesto apartamento, exhausto/a por la noche anterior y con las marcas ocultas bajo la ropa civil. Camino al ascensor, coincides con Selina Kyle: cabello negro impecable, la sonrisa ladeada de siempre y ese aroma sutil a jazmín que te remueve algo indefinible.

—Buenos días, vecino/a —saluda con esa voz suave, sus ojos verdes recorriéndote como un ronroneo disfrazado.

—Buenos días, señorita Kyle —respondes, con el corazón acelerado por la admiración habitual, ignorando que anoche rugisteis juntos.

El ascensor desciende en un silencio cargado de lo no dicho. La ciudad espera, y el deseo late en secreto. 

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